Quiero pedir una disculpa general por la falta de movimiento en mi Blog. Sé que han pasado ya varios meses desde que publiqué la última entrada (misma que dejé inconclusa). La continuaré tan pronto como me sea posible, lo prometo! Sin embargo, quiero escribir por que me acaba de suceder algo curioso. Creo que Dios quiso mostrarme algo acerca de la ciudad de Morelia y su gente...
Bueno, para que no se confundan comenzaré a contar la crónica de lo que sucedió, por donde es debido: El principio.
Resulta que dados mis proyectos a futuro, tuve la necesidad de realizar un viaje express a Morelia, Michoacán, para realizar un trámite con papeleo y todo el rollo. Hoy martes 27 de julio de 2010, salí de mi casa por eso de las 6:30 am con rumbo a la nueva central camionera en un taxi que había pedido desde la noche anterior. El bus de ETN salió a las 7:30 am (su corrida más temprana) y llegó a su destino a las 11:00 am (Muy puntuales por cierto, a cualquiera que necesite viajar y que quiera llegar a tiempo a su destino, le recomiendo esta línea).
Después, tomé un taxi (que me cobró muy barato por cierto) y llegué al conservatorio, sin escalas. Lo primero que hice fue ir directo a la oficina de servicios escolares y realicé mi trámite. Luego de realizarlo, di una vuelta por las instalaciones. Había una pequeña feria del libro y también se vendían instrumentos [fue como estar en el cielo]. Posteriormente me senté en una banca situada afuera de un salón de clases donde se escuchaba una clase de canto.
Vocalizos, escalas de guitarra, minuetos en piano, ritmo de xilófono, todos esos sonidos eran celestiales, y me llenaban mientras revisaba mi Facebook.
Luego, cuando casi se le termina la batería a mi computadora, me despedí de algunos con los que chateaba, cerré mi computadora, tomé todas mis cosas y salí del conservatorio para caminar un poco. Al salir. me dirigí hacia la avenida principal del centro, pasando por unos portales, un Sanborns y varios kioskos de revistas.
A lo lejos ví, del otro lado de la avenida, un edificio con la leyenda "Charcutería - Cafetería", lo cual me hizo recordar unos de los momentos más memorables en España: cuando iba al mercado.
Fui al lugar que era de dos pisos: en la planta baja una panadería-pastelería-charcutería y en el piso de arriba un restaurant-bar-cafetería.
Pasé un buen rato en ese lugar. Comí allí una sopa tarasca y tomé una limonada y un capuccino de rompope.
Conecté allí mi computadora para que se cargara y use el internet también.
luego, cuando vi que el tiempo se me estaba terminando, apresuré mis pasos para llegar a un lugar en donde la visita es obligada: El Museo del Dulce. Allí pedí un clásico que ansiaba probar desde hace varios años cuando fue la última vez que lo probé. Pedí el Moka frappé semiamargo, preparado con auténtico chocolate artesanal de tablilla, elaborado allí mismo. Mi deseo se cumplió, sin embargo ahora tendré que hacer algo para quemar esas calorías excesivas...
Cuando por fin me lo terminé, compré unos dulces para llevar a unos amigos en GDL.
Saliendo del establecimiento, casi inmediatamente pasó el taxi que estaba necesitando.
Y esta es precisamente la historia curiosa que origina esta entrada en el blog.
Cuando abordé el taxi, el taxista me dio una impresion que en ese momento no supe identificar. Se vistió las manos con unos guantes de cuero y tomó el volante. No supe cuando pero casi sin darme cuenta, aproximadamente 15 segundos después de que me subí al taxi, me encontraba ya conversando con el taxista. Normalmente no me gusta que los taxistas me pregunten mucho acerca de qué hago, a donde voy o de donde soy, o para qué voy allá... con estos tiempos uno nunca sabe, y no puedo darme el lujo de compartir información personal con un desconocido. No obstante me sentí bastante cómodo con este señor y sus preguntas. Su sencillez al principio me "sacó de onda". Cuando le dije que me llevara a la central camionera, comenzó preguntándome a dónde iba. Yo respondí que a Guadalajara, luego me preguntó que si iba al estadio para ver el partido de las chivas, y le dije que no, que yo vivo ahí. Entonces me preguntó que a qué equipo de futbol le iba, por que según él, se notaba que a mi no me gusta el futbol. Me pareció curiosa su franqueza, que al mismo tiempo iba acompañada de una sincera sonrisa. Comenzó a hablarme de su apreciación por el futbol mientras de fondo sonaba una canción de Jesús Adrián Romero en el estéreo. Cuando noté que tenía música cristiana en su taxi, inmediatamente busqué alguna imagen, un rosario, un crucifijo, una estampita, o algo, pero no encontré nada. En lugar de eso, lo que encontré fue un tratado evangelístico dentro de la guantera. Al poner atención en su hablar, me di cuenta de que era el hablar de un hombre sencillísimo pero con convicciones firmes. Ninguna mala palabra fue proferida por sus labios; por el contrario, cuando un camión se nos atravesó, él simplemente se rió y bendijo al camionero diciendo "Ay estos cuates son bien sucios, mira nomás!, pero que Dios lo bendiga"
Luego comenzó a hablarme de su historia. Él fue un futbolista que casi llega a jugar profesionalmente en el club Morelia. Nació en un ranchito, en un poblado con menos de 500 personas y después llegó a Morelia, en donde tiene residiendo 24 años. Él vivió primero en la Ciudad de México y después en Morelia y me contó que la gente de Morelia es muy cerrada. "Es muy difícil entablar una amistad con ella, a menos que tengas dinero"- me dijo. "¿Entonces la gente aquí es muy fijada?" - le pregunté, él asintió diciendo que la gente te hace como un dios si tienes dinero.
A lo que yo le repliqué que ese hecho me parecía bastante extraño, dado que la última vez que fui con mi madre, la gente había sido bastante amable con nosotros. Él también asintió a mi comentario. "Eso sí tiene la gente aquí, que es muy amable. Aquí la gente todavía sonríe. En México (DF) ya no. Recuerdo cuando vivía en el DF (hace más de 24 años) y la gente entonces sí sonreía, pero ahora ya no."
Me hizo ver la importancia de una sonrisa. El amor de Dios se puede reflejar a otras personas con el solo hecho de sonreir. Es triste que también en Guadalajara eso se este perdiendo (eso y la amabilidad). A pesar de que dijo que la gente es muy cerrada en Morelia, fue bastante optimista al decir que la gente estaba cambiando y que Morelia estaba mejorando y que él creía que Morelia iba a cambiar, aunque dijo que ese cambio no iba a nacer del corazón de los morelianos, sino que se daría por parte de gente de fuera. Gente que llegaría a Morelia y haría el cambio (a mí me sonó un poco profético...).
Yo dije "Eso esta muy mal, por que Dios sólamente hay uno", a manera de hacerle ver que estaba de acuerdo y para ver su reacción ante un comentario referente a Dios.
Entonces él estuvo de acuerdo conmigo y comenzamos a hablar de que Dios debe ser el centro de nuestra vida; fue entonces cuando me dijo que él es cristiano y que Dios había sido muy bueno con él. Me contó que tiene tres hijos y también que es viudo. Me contó que Dios le ha provisto cuando él más lo ha necesitado. Hablamos acerca de la importancia de se agradecidos en todo momento y situación. Me contó que Dios lo había puesto allí en Morelia y que él le había pedido que lo dejara regresarse a su tierra pero que Dios no quiso, por que le dijo que tenía que predicar el evangelio. También me dijo que Dios le había prometido hacer a sus tres hijos varones, príncipes de su pueblo (osea en la ciudad de Morelia) pero que él tenía que ser fiel. Sus hijos se graduaron de la universidad (la verdad no se si todos, por que solo me habló de uno de ellos) y todos tienen estudios. Me contó que una señora Dios le había dado una palabra de prosperidad y que puso unas zapaterías. Le comenzó ir muy bien en el negocio y se empezó a olvidar de Dios. Luego habló de que él estaba pasando por una situación económica muy difícil, pero que él estaba agradecido a Dios por que siempre ha provisto en el momento más oportuno. Llegamos a la central justo al estar hablando de esto y me cobró. Me invitó asistir alguna vez a su congregación, el Centro Cristiano Filadelfia (donde uno de sus hijos es líder de jóvenes), y visitarlo ahí. Cuando le pregunté su nombre, se identificó a sí mismo como "Jota Luz". le pregunté si ese era de verdad su nombre y me dijo que sí. luego me preguntó el mío y nos despedimos con un "Dios te bendiga!!" y me reiteró su invitación a la congregación. Entonces entré al edificio de la central, pasé por seguridad, me senté en una banca y comencé a escribir esta entrada.
Creo que Dios tiene algo especial para Morelia, y como dijo Jota Luz, el cambio vendrá desde afuera. Mi encuentro con Jota Luz fue de reto para mi vida. Un cristiano sencillo, agradecido con Dios que refleja la alegría y paz que se encuentran en el Señor a pesar de pasar por momentos difíciles.
